Un 24 de septiembre distinto
Lo que si sentí fue el ventarrón que llego prácticamente junto con nosotros. Al día siguiente me dijeron ‘es sur seco, siempre llega para el 24’. La que no siempre fue seca es esta región. Antes camionadas de arroz salían de acá me comentaron. En las condiciones actuales la agricultura es una actividad con mucho riesgo. El maíz no crece generalmente sin algún riego ocasional y para eso se necesita bombear de los pozos (si es que existen). El cultivo de hortalizas requiere mayor riego aún. El pasto si crece en estas pampas y por eso todos piensan cada vez más en la ganadería para subsistir. Cruel presente el de estas tierras por causa del desmonte mecanizado y la quema abusiva, en gran porcentaje ilegales además.
El 24 transcurrió bien, distinto a todo lo que había visto un día antes en Santa Cruz. Desfile de las escuelas y juegos para niños, me gusto uno con trompos que se llamaba quiñates. Un torneo de fútbol entre comunidades donde jugué porque don Juan tiene una rodilla mala. Finalmente fiesta en la plaza igual que la noche previa. Todo esto en pleno sur, para que vean que el fútbol si se juega en todos lados y en infinitas condiciones. Linda celebración. Lejos del bombardeo mediático, de las apelaciones a pertenencias regionales, de las exhortaciones a la confrontación. ¿Quieren autonomía? ‘Pariente eso está claro’ me dijeron. La necesitan como cualquier boliviano. Para que, en unos meses nomás, cuando vuelvan las lluvias tengan las posibilidades materiales de prevenir desastres. Para ayudar a los damnificados de las crecidas del Río Grande. Toda la zona de las crecidas sigue afectada y todavía hay gente viviendo en carpas. Esa es la autonomía que buscan, con el nombre que sea ellos quieren un proceso que piense en todos.
Ellos, me lo demostraron hoy, están lejos de todo el ruido que hacen las élites tradicionales. Saben que necesitan un proceso descentralizador serio, que viabilice soluciones a los problemas que afrontan durante todo el año (de la sequía a la inundación). Con paciencia sobrellevaron los avatares a las que fueron conminadas sus tierras por el accionar de los dueños de los grandes terrenos. No creo que coincidan estos trabajadores de pequeñas parcelas con los empresarios, soyeros incluidos, en su visión sobre que significa la autonomía. Cuando los privilegiados son los grandes responsables de este desastre ecológico, de la pérdida de riqueza de estas tierras. En unos días me iré de Cuatro Cañadas más convencido de que la mayor fortaleza de este país puede ser su diversidad. Diversidad contra la que estamos atentando en nuestras selvas.
El tema de la deforestación tiene poco espacio en la agenda pública ante el avasallamiento de nuestras urgencias nacionales. Urgencias que decidí abandonar por varios días para seguir aprendiendo de nuestro país. Por ejemplo a tejer redes que, por el bien de los peces, con una variación en el estilo pueden terminar convertidas en cómodas y nostálgicas hamacas. Hasta mañana.
miranda.ivanbor@gmail.com
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