Nov22

Basta de Racismo

Quienes a lo largo de estos últimos 25 años de democracia han convivido junto a las experiencias de las luchas en territorio Chuquisaqueño mostrarán con clara evidencia que la población, sus organizaciones sociales, nunca promovieron hechos de violencia como lo estamos viendo ahora.

 

La conducta de los propios ciudadanos de la capital siempre se ha enmarcado en planos de respeto, de abierta hospitalidad a los migrantes del campo y la ciudad.

 

Es mas, el darle nombre a la “culta charcas”, iba mas allá de su respeto a su tradición de ciudad capital, con hombres y mujeres que otrora, le dieron prestigio no solo nacional sino también en el contexto internacional.

 

La violencia sembrada por grupos de jóvenes alentados por la Alcaldía Municipal y la Universidad de San Francisco Xavier al enfrentarse con campesinos y originarios en el centro de la “culta Charcas”, mas allá del odio tuvieron una carga de racismo que ha sido condenado por diversas corrientes no solo de medios sino de la propia población boliviana.

 

En varias ocasiones los analistas de medios de la capital del país, condenaron las formas de racismo existentes desde el oriente, al colmo de señalar con nombre y apellido a los xenófobos que, con mayor crueldad, desencadenaron su odio contra el indio, el indígena o el poblador rural.

 

Hoy no podemos comprender cómo se impone un racismo con fuerte carga de desprecio a quien al celebrar los 500 años de marginación, explotación y opresión colonial lo defendía como su propia carne su sangre y su condición humana.

 

La demostración falaz de ese racismo contra nuestros propios hermanos perforó lo límites de lo imaginable y de la sensibilidad social, porque con escupirlos, señalarlos como “indios de mierda” o “llamas”, están descalificando su condición de persona humana y poniendo al manifiesto que ellos no son personas sino animales.

 

Por ningún motivo ni razón que se imponga habremos de tolerar estas nuevas formas de exclusión a nuestros hermanos campesinos, indígenas u originarios.

 

Sabemos del mismo pueblo chuquisaqueño, con gran mayoría campesina indígena, que será la primera en frenar este tipo de agresiones.

 

Estamos convencidos que esa carga de odio no viene de ahí, sino de unos cuantos grupos que han sembrado la división, su marcado racismo por presiones de cuatro dirigentes del Comité Interinstitucional y de oligarcas del oriente que en el fondo no aman al país.

 

Ya es hora que el gigante dormido también diga su palabra. Hasta ahora ha seguido soportando la crudeza de los poderosos con odio y rencor y empieza a levantarse con la fuerza de los pueblos indígenas de esta América morena y que, como Julián Apaza y Bartolina Sisa habrán de poner en alto la dignidad de hijos de esta tierra.
Gastón Muñez

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