Radiografia de Ruben Costas y las vacas cruceñas
En las líneas que siguen, haremos el intento de radiografiar a Rubén Costas en su accionar político. Sus exabruptos continuos, su terrorismo verbal y los peligros que este tipo de conducta, similar al gobierno “antropoide”[1] Meza – Arce Gómez, pueden influir en el proceso democrático. Transformación que por cierto a este inculto y vulgar cacique no le interesa en absoluto. Para que la dupla no quede coja hay que señalar que, el «presidente cínico» del Comité Cívico cruceño representa el papel del antropoide menor: Luis Arce Gómez.
[1] Animal que se asemeja al hombre por su forma, http://www.definicion.org/antropoide
Este prefecto del departamento de Santa Cruz, umbroso personaje, es fiel representante despótico de la degradación boliviana del siglo XXI. Que no lo merece el noble pueblo cruceño. Representan la caída o el descenso del hombre a su bestialidad pura que tanto aterraba a Blas Pascal. Y junto con éste quiere arrastrar el anhelo de una sociedad más justa, más inclusiva por el que apostaron los khestis[1] de este estoico país. Este sombrío personaje, que representan lo más nauseabundo del género humano, es el que genera conflictos, encubre actos de corrupción y se constituye en el puntal de la intolerancia que crece de manera alarmante en el departamento de Santa Cruz. Toda vez que, su terrorismo verbal se traduce en terrorismo fáctico, como fueron las bombas colocadas en la embajada de Venezuela y la residencia cubana. Disculpas a estos compañeros que vienen con la impronta del Che a curar a los despojados que hicieron posible el retorno de la democracia y ahora viven en harapos. Mientras este agreste y bárbaro prefecto, usurpa el derecho de hablar del pueblo cruceño. Cuando hablo del pueblo cruceño, me refiero a ese pueblo valiente de hombres y mujeres que tienen que trabajar todos los días para llevar el pan a sus casas. No de los ayos candongos que crecen como hongos al tañido de las pegas y limosnas que distribuye el despótico oligarca. Menos a los protervos y protervas que por lentejuelas venden sus conciencias y que pululan en los medios de comunicación social y en las marchas pagadas por estas escabrosas autoridades civiles y políticas.
Estos casi dos años de gestión del Prefecto de Santa Cruz, nos debe conducir a una profunda reflexión y obligar a aprehender muy bien las lecciones de este autoritario e irresponsable funcionario. Éstas las podemos enumerar en dos preceptos, pero que condensan todos los peligros que traen consigo la evolución de este ignaro de la política.
1. Los inmensos peligros que se cierne sobre nuestro país, si no sancionamos la intolerancia racial de este déspota idiota[2].
2. Los riesgos de las autonomías departamentales, en manos de estos caciques del siglo XXI. Pues es preciso, primero, proteger la democracia y la integridad del país, que se ve seriamente amenazada por la conducta desquiciada de estos hombres de una oligarquía en extremo prieta.
Entonces será necesario, establecer mecanismos, lo menos imperfectos posibles, en las autonomías departamentales. Para evitar, de ese modo, cualquier tipo de desequilibrios. Por el momento solo se observa inestabilidades mentales del prefecto y del presidente del comité cívico. Quizá baste un solo artículo en la normatividad que exprese que todo el que se postula a la Prefectura debe haber pasado por el diván de un psicólogo y presentar un electroencefalograma que acredite su capacidad mental. De haber existido este requisito, seguro que Rubén Costas estaría ordeñando vacas en alguna estancia cruceña, con el perdón de las ubres de las señoras vacas que se merecen todo mi respeto. Pues, la suma de excesos del prefecto busca generar alguna clase de estallido social, que puede terminar llevando a Bolivia a una guerra civil. Porque el afán desestabilizador y secesionista no puede ser más evidente por la natural torpeza de este personaje por demás simplón y mediocre. Además, el gobierno tiene su cuota parte, por que no hace respetar las normas constitucionales y el estado de derecho y haber permitido que estas ratas de cloaca cobren cierto protagonismo.
No hemos aprendido la lección de octubre del 2003, pues seguimos cometiendo errores, que más adelante podemos lamentar profundamente. Quizá sería saludable que Santa Cruz tenga su propio octubre. Pues eso le permitiría a Costas reunirse con el antropoide decano: Goni Sánchez de Lozada Porque decimos todo aquello, cuál es el criterio que nos permite señalar esos extremos. Rubén Costas Aguilera, es en extremo proclive a frenesíes de furia y puntos de vista irracionales, xenófobas, a todo cuanto le parezca diferente. Cualidad reñida con los principios más elementales de convivencia humana. Ergo, carece del perfil psicológico para ocupar cualquier cargo en la administración pública. Pues en última instancia son funcionarios públicos y entiéndase el concepto en toda su acepción de la palabra. Dicho de una vez, el perfil psicológico-social del prefecto del departamento de Santa Cruz expresado en su actitud de intolerancia y racismo, no hace otra cosa que evidenciar: una personalidad que Ayn Rand “catalogaría como psico-epistemológico, el cual es producto de una paupérrima base filosófica (de la vida) y una desgarradora crisis de identidad que mina el amor propio del individuo”[3].
Dicho de otra manera, la actitud despótica, vertical, intolerable y xenófoba del prefecto, se explica: “… en que la única razón por la cual éste trata de discriminar a otros es porque no está cómodo consigo mismo, y busca una especie de chivo expiatorio, el cual encuentra normalmente en los grupos minoritarios, especialmente cuando estos no son los que dominan económicamente o políticamente”[4]. ¿Es mediocre Rubén Costas? Indudablemente lo es como persona o como intelecto. Sin embargo, es el típico doctor de Charcas que muy bien refleja Charles Arnade en su libro La dramática insurgencia en Bolivia. Toda vez que se asemeja al más ladino doctor altoperuano de la Charcas del siglo XVIII. Por su fullería como intrigante y manipulador que es propio, además, de un hombre de exiguos valores morales. Lo demuestra cuando no puede paralizar el proceso de cambio y tiene que acudir a su capacidad autodestructiva. En suma, a partir del ansia de poder insatisfecho, no duda en apelar a la destrucción de la democracia, que por supuesto nada le costó a él y a la putrefacta burguesía boliviana que representa. Si no que está teñida con sangre obrera e indígena campesino.
Jhonny Lazo Zubieta jhonnylazoz@hotmail.com
[1] Tiznados ( pueden ser en la acepción actual: mojeños, chiquitanos, guaraníes, aymarás y quechuas. ZAVALETA Mercado René, Consideraciones generales sobre la historia de Bolivia (1932 – 1971) En América Latina: historia de medio siglo, Ed. Siglo XXI, UNAM, México, 1988, p. 101
[2] El término déspota idiota fue acuñado por Zavaleta para referirse a René Barrientos Ortuño en ZAVALETA Mercado, René, Consideraciones generales sobre… ob. cit. p. 115
[3] Liberalismo.org: Colección de artículos de AYN RAND, http://www.liberalismo.org/articulo/295/
[4] De racismo, Limón y liderazgo, http://www.inlap.org/articulos/095.htm
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