De charangos y viruelas por Alfonso Gumucio
No pasa un día sin que veamos en los diarios y escuchemos en la radio los errores (horrores mas bien) que cometen en nombre del gremio gentes que en realidad nos hacen sentir vergüenza ajena a los demás. Abundan los gazapos en los titulares, en las notas. Habría que coleccionarlos para hacer una antología de la estupidez. Y encima la irresponsabilidad con que se escribe y se publica, la falta de seriedad en el ejercicio de la opinión, la ausencia total de investigación y verificación de fuentes.
El título de este comentario, por ejemplo, viene de una nota de prensa reproducida en varios diarios bolivianos, donde se anuncia que un libro escrito por Ernesto Cavour está disponible en línea de manera gratuita. La nota le hace un flaco favor a nuestro gran Coco Cavour, porque concluye de esta manera: “El origen del charango, su etimología, las viruelas en América, presencia de la viruela de mano en Bolivia, iconografía del charango, sirenas charanguistas, Potosí, cuna del charango; dispersión del charango, son algunas de las temáticas de la publicación.” O sea, la relación entre el charango y la viruela no la conocíamos hasta ahora… Por supuesto que Coco Cavour no pretendía tal cosa al escribir sobre la vihuela como antecedente del charango, pero al periodista ignaro, seguramente le pareció que vihuela no existía en la medida en que no era una palabra de su propio léxico. Lo peor de todo es que no le incomodó poner, en vez, viruela. ¡Qué fiero! Y fieros los diarios que publican la nota tal cual, como si el oficio de corrector de estilo hubiera desaparecido del mapa.
Este es solamente un ejemplo, la parte visible de un iceberg que esconde bajo aguas un problema muy serio de los estudios de periodismo en Bolivia y en otros países de la región. La multiplicación de “universidades” en cualquier casa que tenga tres pisos (suficientes para albergar a dos centenares de estudiantes), va en paralelo con la creación de las carreras o facultades de “comunicación social”. Son las más fáciles de crear, no cuestan mucho, y tienen buena clientela. Como las universidades son ahora negocios tan rentables como un bar de moda o un cementerio privado, estas carreras “fáciles” abundan. Por consiguiente abundan los “comunicadores sociales”, en realidad periodistas cuya formación es lamentable. No es de sorprenderse entonces del estado calamitoso de los medios de información en Bolivia, quizás sin paralelo en otros países.
No hace mucho estuve frente a un auditorio de estudiantes de “comunicación social” en la Universidad de San Francisco Xavier, en Sucre. Supuestamente estaban interesados en conocer un poco más sobre cine boliviano y sobre la personalidad de Luis Espinal, amigo y colega asesinado en 1980. Partiendo de ese supuesto interés se me ocurrió preguntar al iniciar el diálogo, cuantos habían leído algo escrito por Luis Espinal… Silencio absoluto en la sala. Entonces bajé un tanto mis expectativas y pregunté quienes habían escuchado hablar de Luis Espinal… Un par de brazos se alzaron tímidamente en la audiencia. Me pareció bastante extraño, porque Luis Espinal es una figura muy conocida en Bolivia, por su vida y por su trágica muerte. Todos los años hay homenajes, se publican artículos, se han hecho sobre él libros y películas, no solamente dentro sino fuera de Bolivia.
Decidí rayar la cancha con otras preguntas: ¿Han oído hablar de Marcelo Quiroga Santa Cruz? Otro par de brazos en alto, entre un centenar de asistentes. Es decir, Marcelo Quiroga, el líder del Partido Socialista, candidato a la presidencia varias veces, diputado, Ministro de Minas y Petróleo que nacionalizó la Gulf en 1969, escritor y cineasta asesinado durante el golpe de 1980… es desconocido por los futuros periodistas formados en la Capital de la República, a pesar de ser, junto a Espinal, uno de los símbolos más importantes en la lucha por la democracia en Bolivia. Sin duda debe haber en Sucre un par de calles con los nombres de Luis Espinal y de Marcelo Quiroga.
La siguiente pregunta acabó por desplomar mi ya endeble confianza en el futuro del periodismo en Bolivia: ¿Conocen la obra cinematográfica de Jorge Sanjinés? Silencio en la sala, una sola persona levantó el brazo y dijo que había visto alguna de las películas del más importante realizador del cine boliviano, uno de los pioneros de “nuevo cine latinoamericano”. ¿Cuantos han siquiera oído hablar de él? Otro par de brazos tímidos. Yo podía entender, con dificultad, que no hubiesen visto las películas, que el mismo Jorge guarda y exhibe celosamente, pero que no hubiesen siquiera escuchado su nombre me pareció demasiado.
Esas y otras preguntas me demostraron que los futuros “comunicadores”, muchos de los cuales tenían planes para trabajar en cine y en televisión, no tenían la menor idea ni de cine boliviano, ni de política, ni de historia, ni de nada.
Al día siguiente fui al Archivo Nacional de la Nación, el repositorio más importante de libros y documentos que tenemos en Bolivia, y que queda precisamente en Sucre por ser la Capital de la República, y busqué mis propios libros sobre cine boliviano y sobre Luis Espinal. Ahí estaban clasificados y accesibles a cualquier lector interesado. Pero claro, hay que aprender a leer primero.
Eso terminó de confirmar que los futuros periodistas carecen de la curiosidad más elemental sobre el país, sobre nuestra cultura, sobre los personajes importantes de nuestra historia… No les interesa nada, nada más que verse en una pantalla de televisión diciendo cualquier tontería.
Por eso, del charango a la viruela, para ellos no hay mayor distancia.
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