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Me llama la llama por Coco Manto

Publicado por tarijalibre on Ene 6th, 2008 y clasificado en Chuquisaca, Movimientos Sociales. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a travťs de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

Los racistas reciclados por el resentimiento, que no quieren a Evo Morales como Presidente, mentan a la llama para insultar a los indios que son mayor√≠a en el pa√≠s. “El que no salta es llama”, corean saltando con gozo blanco√≠de. “¬°Cruces de llama y adobe!”, gritan a los polic√≠as que, tambi√©n de origen ind√≠gena en su mayor√≠a, vigilan las calles de Sucre, parad√≥jicamente la ciudad con m√°s timbres de culta en el pa√≠s.

En los hechos, esos renegados no hacen más que emular al almirante chileno José Merino, segundón del dictador Pinochet, que en 1992 declaró que los bolivianos no le parecíamos gente sino auquénidos.

Mis padres, que eran sucrenses, sol√≠an jactarse de la sonoridad chuquisaque√Īa del idioma quechua. “Soy sucresa” ironizaba mi madre aludiendo a la cursi alcurnia de sangre azul de la que presum√≠an ciertos descastados. “Sucresa, como decir inglesa, francesa‚Ķ” y estallaba la risa familiar.

Mis padres y sus paisanos radicados en Unc√≠a y Llallagua cantaban con docta melancol√≠a al Churuquella y al Sica Sica. Se enorgullec√≠an de la tradici√≥n textilera de loa jalq‚Äôas y del estoicismo tarabuque√Īo. A cada rato mencionaban las cuatro patas de su ciudad natal (Conchupata, Wayrapata, Alalaypata y Surapata).

Cuando el 5 de enero de 2005 ofrec√≠ un recital de poes√≠a y humor en el auditorio de Radio Aclo de Sucre, manifest√© mi deseo de radicar definitivamente en la capital boliviana a condici√≥n de que me dejaran crear otra “pata” urbana. Dado que traigo una tremenda cirug√≠a en el coraz√≥n propuse que me dejaran vivir en “Cardiopata” (as√≠, sin acento). Fue en ese evento que tambi√©n habl√© de los chuquisaurios‚Ķ

Pero, aqu√≠ no saldr√© en defensa de mi ancestro sino de la llama, ese hermoso ser andino que se pasea con el donaire de una “miss Bolivia” por las pasarelas del altiplano, a m√°s de tres mil metros sobre el nivel de la idiotez racista.

La llama y su marido, el llamo, tienen una dignidad que debiéramos copiar para darnos a valer como seres humanos. Cuando, en el albor de los tiempos, esos auquénidos lograron su licenciatura de animales de carga impusieron sus condiciones de trabajo ante los privatizadores de entonces, los quechuas y aimaras.

Pliego petitorio a saber: 1) Nada de cinchos, bridas, caronas ni azotes, como al caballo. 2) Nada de nombrecitos insultantes como al burro. 3) Nada de sobrecargas tramposas, como a la mula. 4) Nada de obligarles a comer cochinadas, como al chancho.

A cambio de ese buen trato, los auqu√©nidos juraron romperse el alma trabajando como auxiliares del hombre andino, adem√°s de ofrecer en donaci√≥n peri√≥dica su lana para que este teja sus ropas y su taquia como combustible. Autorizaron el uso de su cuero post morten para zapatos, su carne como alimento sin colesterol y hasta sus pezu√Īas para los chullu-chullus de percusi√≥n de los grupos musicales. ¬°Cu√°nto renunciamiento a cambio del simple respeto a su libertad y sus derechos llamanos!

Sus primas, la alpaca y la vicu√Īa, no se alinearon con el sistema e hicieron respetar su autonom√≠a zool√≥gica. Hicieron bien.

Se colige que los indígenas cumplieron por los siglos de los siglos el pacto firmado con las llamas, porque no se envenenaron con el virus del capitalismo salvaje.

Saben los indios que ninguna llama soporta cargas de m√°s de 35 kilos. Si le ponen 36, el animalito se niega a moverse, se declara en huelga de patas ca√≠das, se sienta sobre sus cuatro y ah√≠ se queda hasta que caiga la dictadura o le rebajen la carga. Y si quieren forzarla al trabajo, la llama se defiende con lo √ļnico que sabe: un escupitajo en toda la cara del abusivo.

Bella estampa, caray, que le da un aire de dignidad al Ande. La llama se√Īorial pase√°ndose en las alturas, besada por el sol, atravesando nubes, siempre con el cuello alzado, mirando el horizonte y avanzando con paso pausado. Precisamente, y como un sopapo a los denostadores de la llamita, nuestro vate Goyo Reynolds, sucrense de cepa, la aclam√≥ en un soneto inolvidable que as√≠ empieza: “inalterable por la tierra avara/ del altiplano, luce la mesura/ de su indolente paso y su apostura/ la sobria compa√Īera del aimara‚Ķ”

Tendr√≠a que haberse escrito una f√°bula de cuando los caballos europeos y las llamas bolivianas se vieron por primera vez, tras la llegada de los espa√Īoles al territorio del Abya Yala. Algo que diga, por ejemplo, que las llamas pretendieron politizar a los √©quidos para que se organicen en sindicatos o tomen las armas en protesta por la manera brutal en que eran tratados por sus montantes.

Enterados los espa√Īoles de la labor subversiva de los auqu√©nidos apresaron a dos ejemplares y los acusaron de ser terroristas llama-tivos al servicio de Cuba.

- ¡Identifíquense! -, chilló el conquistador.
- Me llamo llamo y esta se llama llama-, dijo el macho.

Tard√≥ el latapecho en salir de su turulatez y exclam√≥: “¬°Qu√© pretenden!”. Los originarios respondieron a d√ļo: “Una llama-rada continental”, aludiendo a la rebeli√≥n antimperialista.

“¬°Aj√°! ¬ŅAs√≠ que quieren que esto arda?”, chill√≥ el irascible gachup√≠n separatista. “¬°Pues, que arda!”. Y orden√≥ prender fuego a las praderas de pajabrava andina.

Y el pasto de las llamas fue pasto de las llamas.

He aqu√≠, pues, que ahora, seg√ļn los racistas, “el que no salta es llama”. Refieren las cr√≥nicas que los desquiciados de Sucre prendieron fuego a las oficinas de la Polic√≠a, la casa del Prefecto y las instalaciones de Tr√°nsito. Y que luego saquearon oficinas de la administraci√≥n p√ļblica y asaltaron algunos negocios.

Fue por eso seguramente que el llamo le dijo a su compa√Īera. “Tranquila t√ļ. Mira que somos bien diferentes a esa raza”.

La llamita frunci√≥ el ce√Īo, extra√Īada. Y el macho le musit√≥:

- Allí, el que no asalta es llama.
ABI//

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