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Radiografia al fenomeno Mockus Colombia

Publicado por Tarija on May 9th, 2010 y clasificado en IMAGEN, INTERNACIONAL, POLITICA. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a travs de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

Radiografia al fenomeno Mockus Colombia

Caballo discapacitado por César Rodríguez Garavito de El Espectador

La ‘Ola Verde’ que respalda a Antanas Mockus es objeto del análisis y la reflexión de los columnistas del país.

MUCHOS SE INDIGNARON, CON RAZÓN, por las declaraciones de Uribe advirtiendo que “un esfuercito de caballo discapacitado” no bastaría para garantizar la seguridad. Y denunciaron, también con razón, la ilegal intromisión en política que implica la indirecta contra el candidato del Partido Verde, a la que han seguido ataques peores en estos días.
Pero no me interesa hablar aquí de lo que ya todo el mundo ha hablado, ni terciar en el último round político. Quisiera preguntar, más bien, qué significa que un presidente utilice la discapacidad física como una acusación, como la forma máxima de ofender en un país donde, según cifras de Landmine Monitor, más de 5.000 ciudadanos quedaron en silla de ruedas o tienen otra discapacidad por haber pisado una mina antipersonal en los últimos 10 años. Y donde millones de personas con discapacidad (PCD) son discriminadas y encuentran barreras infranqueables en las calles, los centros comerciales, el sistema educativo, el transporte público o el mercado laboral.
¿Qué habrán pensado los ciudadanos con limitaciones visuales al escuchar el discurso? ¿Qué los colombianos con dificultades auditivas al leerlo? ¿Cuál habrá sido la reacción de los soldados en silla de ruedas, o los ciudadanos del común cuyo pasito renco parece molestarle tanto al Presidente?

El riesgo de elegir al filósofo rey por Alejandro Reyes Posada de El Tiempo

Antanas Mockus logró instalar su discurso de legalizar a Colombia en el centro del debate político y con ello redefinió el escenario y cambió a su favor la ola de las preferencias electorales de los colombianos. Su programa atrae a los votantes con la misma fuerza contagiosa que eligió a Uribe con el mandato de ganarles la guerra a las Farc. La campaña para sucederlo se define no tanto por la promesa de continuar los avances logrados en seguridad como por el repudio de los medios ilegales empleados para conseguirlos, que despiertan la indignación de los electores. El péndulo se mueve de la seguridad a la legalidad, gracias al repudio general contra la marea de inmoralidad de la clase política.
La oposición contra el gobierno de Uribe, agenciada por un Partido Liberal sin autoridad moral para criticarlo, y un Polo alternativo nacido de la desmovilización de las guerrillas y la corrupción de la Anapo, fue capitalizada por quien encarnó la legalidad y la transparencia, que evitó su desgaste porque sólo hizo unas pocas críticas puntuales al gobierno de Uribe. Se acercan a Antanas quienes piensan que el gobierno está irremediablemente corrompido y necesita purificación. Antanas ofrece a sus seguidores y votantes el bien inestimable de sentirse identificados con lo sagrado, desde la vida humana hasta los recursos públicos. Definido así el escenario, quienes estén en la orilla opuesta quedarían identificados con el crimen y la corrupción, como los opositores de Uribe fueron calificados de amigos del terrorismo.
La ‘ola verde’ tiene todos los ingredientes para aspirar a convertirse en una secta: un santón carismático, un estrecho círculo de adoradores, una doctrina con valores admirables, una exigencia de comportamientos altruistas para sus miembros y el desprecio moral a quienes queden por fuera de ella. La vocación de las sectas es crecer hasta abarcar la sociedad y transformarla. El conflicto final se resuelve con la disolución de la secta por la sociedad o la absorción de ésta por la secta.
Mientras la política consiste en concertar con la pluralidad de ciudadanos, que piensan distinto y tienen diversos conflictos e intereses, la secta en el poder aspira a controlar los resortes de la acción individual y colectiva bajo principios absolutos, que no se pueden negociar ni pactar con los contrarios. La secta no es un partido político, pues en ella desaparece el espacio de relaciones horizontales que se crea entre los iguales, que resulta unificado bajo su doctrina y su líder. Basta recordar la foto de los candidatos visionarios a Congreso disfrazados con pelucas y barbas de Antanas cuando compitió para reemplazar a Uribe en el 2006, que eliminó la pluralidad de personalidades individuales que posaron en ella.

¿Le alcanzará a Mockus? por Víctor Herrera Michel de El Heraldo

Quién lo diría. Que a escasos veinticinco días de los comicios presidenciales la duda electoral en toda Colombia se centra en saber si los votos virtuales de los jóvenes que conforman esa arrasadora ‘Ola Verde’ que respalda a Antanas Mockus se materializarán en las urnas el próximo 30 de mayo, y si ese caudal le alcanzaría para su triunfo definitivo en la primera vuelta, y la derrota contundente de Juan Manuel Santos, con lo cual, de paso, acabaría con la era Uribe.
Sin embargo, creemos que en realidad el dilema democrático es mucho más profundo que el simplemente electoral: La mayoría de la gente está con Mockus… ¿o contra Santos…?, ¿qué representan el uno y el otro….?, ¿qué futuro nos espera con cada uno…? ¿Por qué esa abrumadora y espontánea manifestación de la juventud a través de sus nuevos canales de comunicación –las redes sociales en Internet– que reemplazaron a las protestas públicas, las pancartas, los grafitis, las huelgas de hambre, las tomas universitarias y hasta los enfrentamientos a piedra con la Policía de otros tiempos?
Santos para muchos representa un Estado fracasado. Es la continuidad de una Colombia descuadernada institucionalmente por culpa de un gobierno que se encargó de polarizar los odios nacionales e internacionales bajo su afán desmedido de perpetuarse en el poder, para lo cual transgredió normas constitucionales y pisoteo instituciones sagradas.
Santos, además de que personalmente es percibido bajo un perfil enigmático de un nuevo Maquiavelo, significa la persistencia de un gobierno que ha tenido como su principal bastión la ‘seguridad democrática’, que benefició al campo en un país que es 80 por ciento urbano, y que, por eso, al final termina con los más preocupantes índices de criminalidad en las ciudades.
Un régimen que, a pesar de divulgar la especie de que había acabado militarmente con las Farc (versión que contradijo recientemente la Cruz Roja Internacional), bajo la excusa de la lucha contra el narcoterrorismo, le entrega 7 bases militares a los EEUU, a través de un acuerdo cuyo alcance final aún no se conoce y que, de paso, le complica aún más las relaciones con sus principales socios comerciales en la región: Venezuela y Ecuador, amén de un frustrado TLC con el país del Norte que nunca llegó.
Santos es el símbolo auténtico de un gobierno en despedida vergonzosa por los decretos de la emergencia social y los escándalos de las ‘chuzadas’, los ‘falsos positivos’, Agro Ingreso Seguro y de una política social y con las víctimas del conflicto armado que no ha hecho más que corroborar la reiterada violación de los derechos humanos fundamentales.

Los retos de Mockus  por German Ayala Osorio de Semana web

Una vez convertido Mockus en Presidente de la República, son muchos los retos que deberá enfrentar, atrincherado en la Casa de Nariño. He aquí varios de ellos, pero el listado es largo.
Deberá trabajar por desmontar o por lo menos develar las redes clientelares que dejó Uribe en ocho años de gobierno. De no hacerlo, esas mismas redes, aupadas por el ex presidente Uribe y sus áulicos, intentarán generarle condiciones de ingobernabilidad, en aras de mantener el imaginario colectivo de que si no es Uribe, nadie puede guiar los destinos de este país.
Mockus debe ser consciente de que enfrentará a verdaderas mafias, legales e ilegales, que harán todo lo posible para que su gobierno sea visto como un retroceso, como un error, en el camino trazado por Uribe Vélez.
También deberá limpiar la imagen del país de cara a lograr la firma y ratificación de tratados de libre comercio. Y para ello, deberá poner en cintura a las fuerzas militares, en el sentido de no tolerar más ‘falsos positivos’. Mockus no puede hacer lo mismo que hizo Uribe con los militares: mimarlos y comprarles juguetes, para mantener su respaldo. No es con premios y bonificaciones que un Presidente gana respeto en las filas castrenses. Por el contrario, es con trabajo y firmeza contra toda fuerza armada, legal o ilegal, que se logra respaldo y respeto.
La carga pensional y el problema social, económico y político que hay detrás del crecimiento de las fuerzas militares, bien merece un mirada matemática, pues en el mediano plazo, el Estado colombiano no podrá atender ni a los pobres, ni a los soldados en uso de buen retiro. Sin contar con los costos económicos para atender a los enfermos mentales que este largo conflicto armado está dejando.
Deberá convencer a los gremios y a las familias poderosas que dominan este país (a los ‘Cacacos’, por ejemplo) de que las condiciones de pobreza, generadas en parte por su avaricia, afecta sus propios intereses en la medida en que no crece el mercado interno porque no hay capacidad de consumo. Eso lo tiene que entender Mockus y hacer que lo entiendan los ricos de este país.
Otro reto que tendrá Mockus es responder efectivamente a la confianza que los jóvenes de Colombia están depositando en él. En un rápido sondeo con jóvenes universitarios (una población de 90 estudiantes universitarios, en dos universidades de Cali), el 90% afirmó que votará por Mockus el próximo 30 de mayo. Deberá trabajar en el diseño de políticas públicas efectivas para garantizar un mejor futuro a esos jóvenes que hoy creen en que él podrá mejorar las condiciones de vida de los colombianos.

Mockus: ¿un globo?  por Carlos Mejía de El País

Como a todo el mundo, a mí me cae bien Mockus: amable, honesto, bien intencionado. No tiene la culpa de que, con su nombre, se esté galvanizando la política, esto es, se estén alertando y alentando súbitamente toda clase de sentimientos recónditos. Y esto no estaba en ningún libreto. Pienso que Mockus es el más desconcertado al encontrarse flotando, hinchado, como un globo aerostático (“bolsa de material impermeable y de poco peso, llena de un gas de menor densidad que el aire, cuya fuerza ascensional es mayor que el peso del conjunto”). En suma, pienso que Mockus no es Mockus sino sus circunstancias. Sin saberse muy bien por qué, como en el Sueño de las Escalinatas, “Crece, crece la audiencia”. Manes del inconsciente colectivo y de la suma de multitud de inconscientes individuales movidos por diversas emociones: temor, afecto, rabia contra numerosas situaciones, personas e instituciones.
Veamos dudas. Dudo que Antanas esté preparado para aterrizar en este mundo y dominar la tierra: este país es un potro demasiado salvaje como para ser sometido con la prestidigitación de unas manitas confundidas. Lo veo desconcertado, casi en blanco, ante cualquier pregunta, aun la más simple.
De otro lado, por desgracia, lo aqueja una enfermedad compleja: mucho va de un Parkinson a otro y un Parkinson sometido al estrés presidencial puede resultar desastroso para los dos pacientes afectados: el propio personaje y la Nación entera. Pero, además, no creo que a Mockus le permitan llegar a la Presidencia los factores reales de poder. Los grupos de presión, los grupos de interés, la maquinaria oficial, el Congreso electo, las organizaciones políticas establecidas, las politizadas masas populares, pondrán todo su conato a favor de un “malo conocido” pues les aterran los “buenos por conocer”.

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