Llegamos al final del principio. Tiquipaya fue por tres días el centro de las miradas del mundo, incluso de aquellos que no quisieron ver lo que se preparaba en un evento sin precedentes en la historia de las luchas sociales.
Para llegar a Cochabamba pasamos por Río en 1992. Cumbre de la Tierra se llamó el encuentro oficial organizado por las Naciones Unidas; el problema estaba en la capa de ozono, los gases de efecto invernadero y el calentamiento global. En esa ocasión, Estados Unidos llevó su poder para decir NO.
Llegó Kioto, 1997, la cumbre para limitar los gases de efecto invernadero y frenar el calentamiento global. El grave problema afectaba la vida de los pobres del mundo concentrados en los países eufemísticamente llamados ‘en desarrollo’. El acuciante problema también afectaba a los países industrializados, pero no por su población, que vive rodeada de contaminación atmosférica o sufre la pobreza en cinturones de miseria; el problema es que reducir los gases limita su vieja industria y sus ganancias. Consciente de los efectos que esto tendría en los dueños del país, Estados Unidos, una vez más, se negó a firmar la disminución de sus emisiones venenosas a la atmósfera de todos.
Llegó Copenhague, 2009, nueva oportunidad para discutir la vida del planeta y por lo tanto de todos sus habitantes. Nos referimos a todas las especies (plantas, insectos y animales), dado que en su seno todos conviven e interactúan; cuando falta uno, todos son afectados. Copenhague fue el encuentro del conflicto; afuera, miles de manifestantes pedían por la vida; dentro, los representantes de los países ‘en desarrollo’ buscaban dialogar en los marcos democráticos y los países ricos sólo entre ellos. Los dispositivos de la organización de la Cumbre favorecían a los segundos: no daban la palabra a los primeros, trataban de limitar los espacios para hablar con la prensa, incluso llegaron a bloquear el paso al Presidente de Venezuela para que no asista a un encuentro con sindicalistas daneses.
En estas circunstancias, el presidente Evo Morales se yergue con toda la estatura de los antiguos pueblos indígenas de América para tomar la palabra más allá de la palestra oficial. Ya antes, en el mismo organismo, había declarado que el responsable del problema es el capitalismo, había logrado que se declare el Día de la Madre Tierra, y el mundo intelectual y político estaba atento a lo que proponía.
Morales sale a las calles de Copenhague, se presenta ante la prensa y en todas partes denuncia las maniobras de estilo político liberal que manejan Estados Unidos y sus aliados para aumentar la temperatura de la tierra y encima pasarnos todas sus facturas con el planeta y la vida. También anuncia que lo importante es consultar a los pueblos, a la gente que lleva en sus espaldas los efectos de la industrialización capitalista; que es necesario mirar al futuro en armonía con la Madre Tierra; que los seres humanos, como todos los seres vivos, son una parte más de ella. Con la seriedad que Evo pone a sus palabras se hace cargo de lo que dice y convoca a la Conferencia Mundial de los Pueblos por el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, que se realiza en el pueblo de Tiquipaya, Cochabamba, entre el 20 y 22 de abril.
La convocatoria sobrepasó toda expectativa, 30 mil personas de todos los continentes, las razas, las culturas y los idiomas se hacen presentes; con ellos llegan científicos, intelectuales, políticos, líderes de opinión, artistas y gente de bien que quiere vivir sin pensar en la muerte de su planeta.
La inauguración de la Conferencia fue masiva, hablaron los pobres representados por la Vía Campesina de Brasil, y las Naciones Unidas, por momentos abucheada posiblemente porque hay una sensación de que representa a los que están en contra del Protocolo de Kioto, por lo sucedido en Copenhague.
Toca el turno al presidente Morales. En sus palabras se anuncia que la Conferencia de los Pueblos es para salvar a la Madre Tierra y a sus hijos, frenar el calentamiento global, que el capitalismo es responsable del megadesastre, un mal en etapa avanzada que tratamos de evitar, de manera organizada, a partir de ese día.
Evo, en su estilo coloquial propio de su experiencia política, en su lenguaje claro para las masas pobres, y por lo tanto carente de academicismo y protocolo colonial, ejemplificó cómo la industria farmacéutica cura un mal pero provoca otros, cómo la Coca-Cola es una golosina que tiene efectos químicos que afectan incluso a los metales, y que la producción industrial de animales para el consumo humano usa productos que tienen efectos en la salud, y que no es lo mismo comer que alimentarse.
El poder mediático del capitalismo criollo, como dijo en un comentario Radio Pachamama, “se centró en la anécdota y se olvidó del fondo”. Hizo de la ejemplificación la noticia y restó importancia a un evento trascendente a nivel mundial. Fue como tratar de tapar el sol con un dedo. Algún comentarista se rasgó las vestiduras: “Ha perdido la oportunidad de ser un líder mundial”. Otro decía que cómo iba a atacar a una marca de refresco tan poderosa, cuando Morales, el sencillo Evo, llamó a las cosas por su nombre y dijo lo que todos sabemos y hacemos.
Pasado el acto comenzó la discusión. 17 mesas dirigidas por sendos especialistas, intelectuales, políticos de avanzada, científicos, especialistas y gentes que viven día a día los efectos del capitalismo analizaron y discutieron cada uno de los aspectos que queremos que cambie en el mundo para Vivir Bien, en armonía con la Madre Tierra, en paz y sin las angustias que trae la pobreza o la privatización de los derechos humanos.
Un día y medio duró la discusión —los resultados de cada mesa son contundentes—, para luego pasar a una plenaria impensable para los poderosos que salen en la revista Forbes o las páginas sociales de todo el mundo, un encuentro de análisis entre los pueblos y los Gobiernos que están con ellos.
De este cierre sale el Acuerdo de los Pueblos, un documento corto pero total en su contenido: el calentamiento global, el capitalismo, la armonía con la naturaleza, los derechos de la Madre Tierra, la visión compartida, la deuda climática, el Protocolo de Kioto, la Cumbre de Cancún, la adaptación forzada, la agricultura para vivir bien, los megaproyectos predadores, los pueblos indígenas, los migrantes climáticos, el financiamiento, los mercados del carbono, la tecnología para todos, el Tribunal de Justicia Climática, la reforma de Naciones Unidas, el referéndum mundial, son parte del manifiesto de Tiquipaya (ver Especial de la Conferencia Mundial de los Pueblos en Cambio del 23 de abril, o www.cambio.bo).
En la historia de las luchas por la vida, el Acuerdo de los Pueblos pasará a ser el documento más participativo, consensuado y programático del mundo. Ahora viene la parte clave del proceso: llevar las resoluciones a la práctica. Para ello se tienen claros los primeros pasos: impulsar el referéndum mundial, aunque los medios le den descrédito por cualquier cosilla; será el instrumento de apoyo para la aplicación del Acuerdo de los Pueblos. El otro paso, ya iniciado, es llevar las resoluciones a la Cumbre de Cancún, este diciembre, para mostrar al capitalismo que ya no somos los que pagaremos su factura, sino que son ellos los que nos deben y que están obligados a ser parte de una nueva sociedad en que la todos y todas vivamos bien.
Repercuciones en Venezuela
El ministro venezolano para el Ambiente, Alejandro Hitcher, calificó de exitosa la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático que organizó Bolivia, donde se acordaron acciones para la batalla ambiental.
Para Hitcher, el foro dejó, a diferencia de la Cumbre de diciembre de 2009 en Copenhague, propuestas concretas encaminadas a frenar el deterioro del clima.
Representantes de 142 países demandaron el fin del sistema de producción capitalista, por considerarlo el principal responsable de la actual crisis, destacó.
Según el funcionario, el mérito de Cochabamba fue la resolución de los pueblos del mundo a asumir la lucha contra los problemas ambientales, si la ONU fracasa en sus intentos.
También fijaron una postura común de cara a la Cumbre Climática de Cancún.
Además, el foro de Bolivia acordó convertirse en un mecanismo mundial permanente, agregó el ministro venezolano. (PL)
Las frases de Evo
El capitalismo es sinónimo de inanición, el capitalismo es sinónimo de desigualdad, es sinónimo de destrucción de la Madre Tierra. O muere el capitalismo o muere la Tierra.
El capitalismo secuestra la Madre Tierra para saquear sus recursos, explotar a sus hijos, envenenar sus ríos y lagos.
El capitalismo es el primer enemigo del mundo, síntoma de desigualdad, es la destrucción de la Tierra, y como hijos de la Tierra no podemos dejar de reflexionar, de organizarnos para salvar el mundo.
Aquí estamos por la vida, por la unidad, por la humanidad y por los derechos de la Madre Tierra.
Hay que recuperar la vivencia de los antepasados, la experiencia sobre la vida, tenemos que olvidar esa filosofía de que el hombre está sobre la Tierra y empezar a pensar que el hombre tiene que someterse al planeta.
Eduardo García Cárdenas
