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Una mina en cada casa Palca-Bolivia

Publicado por Tarija on Nov 12th, 2010 y clasificado en IMAGEN, La Paz. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a travs de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

Una mina en cada casa Palca-Bolivia

Hace poco más de un año, el río que atraviesa al poblado de Palca estaba cristalino y era un atractivo turístico; hoy las aguas están turbias y elevados promontorios de tierra van frenando su caudal. Es uno de los efectos de la fiebre del oro que se instaló en el pueblo, donde ahora hay una mina en cada casa.

El hecho es relatado en un reportaje de El Rotativo de México, Señala que la minería ha sido encarada sobre todo por los hombres, desde que un vecino halló oro en su propia casa. Las mujeres asumieron la agricultura de hortalizas, la crianza de animales y, de forma simultánea, realizan diferentes tareas de la explotación del oro y se ocupan del hogar.

Cristina Mamani no tiene chacra (granja), por eso se dedica al comercio. Al principio de la fiebre del oro, ella temía que la tierra cediera y el pueblo se hundiera; pero, como las denuncias ante el Ministerio de Minería y Metalurgia no prosperaron, hace un año se animó a abrir una mina en su patio y perdió el miedo. Su marido se ocupa de eso, mientras ella atiende, además, a sus seis hijos.
SEMlac y el equipo del programa de Radio Deseo de Bolivia denominado “Soy trabajadora del hogar con orgullo y dignidad” hizo un recorrido por Palca, capital de la provincia Murillo del departamento de La Paz. La actividad es frenética a lo largo del río y hasta ha cambiado parte de la fisonomía del pueblo.

En los patios de las casas, cubiertas por toldos, están las bocas de mina. Por una abertura de unos tres metros cuadrados, se ingresa a los pozos, cuya profundidad varía de seis a 25 metros; de ahí parten los túneles, donde una precaria estructura de soporte, hecha de madera, evita los derrumbes.

Los túneles van en diferentes direcciones y es frecuente la invasión de terrenos y el encuentro entre vecinos en el subsuelo; esto ha ocasionado disputas que se han ido resolviendo mediante acuerdos, sostuvo Javier Choque, un joven dedicado a la minería, porque no hay otras opciones laborales para la juventud.

Además, la Alcaldía Municipal ha prohibido que las excavaciones se acerquen a los sectores públicos como las calles y plazas, y peor que se realicen debajo del hospital, la unidad educativa, el templo y otras instituciones como la Policía.

Pero esto es difícil de verificar. El año pasado una comisión del Ministerio de Minería hizo una inspección y hará otra antes de fin de año. “Está prohibida la actividad minera en zonas urbanas, hay que respetar donde vive la gente”, indicó a SEMlac el viceministro Héctor Córdova.

Para impedir o, al menos, regular la explotación, no es suficiente la intervención del ministerio, “deben participar otras instancias del Estado, no tenemos mecanismos de fuerza, podemos indicar que hay actividad irregular, pero nada más”.

Además, mientras un grupo de gente reclama porque la minería está modificando su forma de vida y dañando su entorno, otro más grande se niega a dejar la actividad.

La gran preocupación es la estabilidad del suelo donde se asienta el pueblo. En el municipio de Palca, conformado por 14 comunidades, viven en total 14.185 habitantes, según el último censo; casi la mitad tiene menos de 18 años. No hay agua potable ni alcantarillado y el alcalde, posesionado en mayo de este año, ni siquiera vive ahí.

Si bien los mineros rellenan los túneles, lo hacen con el cascajo que queda luego del lavado de la tierra, por lo que los terrenos están quedando sin la consistencia necesaria. “Trabajo mi terreno, cavo y tapo para que no se caiga mi casa y el Alcalde ha dicho que habrá una inspección para que no se caiga”, aseguró Javier Choque.

El reportaje enfatiza que a esto se suman los daños medioambientales. “El río está contaminado y siempre existe la posibilidad de que utilicen tóxicos para la explotación”, lamentó José Luis Jiménez, responsable del programa de nutrición del Municipio de Palca.

Los principales problemas de salud en la región son la desnutrición y las infecciones respiratorias, aunque en los últimos meses han ido en aumento el asma y las lumbalgias, propias de la minería. Pero las dos pasantes de medicina general que trabajan en el centro de salud dan cuenta también de accidentes en la mina.

La mayoría de la gente prefiere no hablar de los accidentes y menos de las muertes por caídas. Pero Moisés Conde, jardinero del templo del pueblo, contó que en los últimos meses murieron al menos siete hombres. El último tenía 25 años, perdió el equilibrio al subir por la escalera y, aunque trataron de socorrerlo, no pudieron salvarlo.

Los hombres cavan los pozos y túneles, y sacan la tierra usando baldes. La mayoría utiliza poleas y fuerza manual, otros emplean guinches que funcionan con electricidad. Para soportar las más de 10 horas de trabajo, incluso de madrugada, la humedad y el temor de un derrumbe, consumen coca y alcohol.

Todos los muertos eran jóvenes, porque no hay otra fuente de trabajo alternativa para ellos por el momento. Conde no pasa de los 20 años, pero ya no quiere bajar a la mina, por las precarias condiciones laborales; sólo unos cuantos mineros usan cascos y ropa adecuada.

Con carretillas, las mujeres y algunos hombres llevan la tierra extraída de los túneles hasta los canales que desembocan en una especie de batea, al borde del río, donde la lavan con la esperanza de encontrar las codiciadas pepitas de oro.

La gente que tiene su casa a orillas del río es privilegiada; en cambio, el resto tiene que recorrer una mayor distancia desde las calles adyacentes y usar los canales comunes.

Las caídas son frecuentes, como la que sufrió Boris Mamani, un joven que dejó de estudiar para dedicarse a la actividad aurífera. Así ayuda a su mamá, que debe sostener a siete hijos.

Gladys Pacheco es una vecina de Palca que protesta contra la minería: “le están haciendo daño al pueblo, están en contra de la Ley”. Pero también contó que mucha gente que emigró ha regresado, incluso desde Argentina, porque hay trabajo. Los hombres que no tienen terreno en el lugar son contratados como jornaleros y ganan 50 bolivianos al día, unos siete dólares.

“Hay dinero”, dijo a su vez Wilfredo Huanca, profesor de secundaria de la Unidad Educativa Pedro Domingo Murillo. Las familias obtienen un promedio de 50 gramos de oro al mes, lo que representa un ingreso de 10.750 bolivianos, equivalentes a unos 1.500 dólares. El monto es significativo, considerando que el salario mínimo nacional es de 679 bolivianos (97 dólares estadounidenses).

Pero, para lograr ese ingreso, hay que dedicarle mucho tiempo al trabajo. Los jóvenes y adolescentes varones lo hacen, y por ello prácticamente han dejado sus estudios. “Trabajan hasta la madrugada, llegan cansados, no hacen sus trabajos, no hay cómo nivelarlos”, indicó Huanca.

“Muchos chicos piensan que no necesitan ir al colegio, porque tienen dinero”. El problema es mayor porque tampoco reciben incentivos en la familia para el estudio. En menor medida, ocurre lo mismo en el nivel primario, sostuvo la profesora Verónica Herrera. “Sólo están viviendo el momento de auge”, afirma.

Claudia Piérola, consultora para la erradicación del trabajo infantil en el Ministerio de Trabajo, desconocía lo que está pasando en Palca; sin embargo, explicó que, debido a los precios de los minerales, la minería se ha extendido entre niños y adolescentes, aunque se trata de una actividad de riesgo.
A diferencia de los chicos, las chicas no abandonan sus estudios por buscar oro; este año, por ejemplo, Palca tendrá 22 bachilleres, de los cuales 17 son mujeres.

Pero, en general, el impacto de la fiebre de oro sobre las mujeres se está traduciendo hasta en cuádruple jornada de trabajo y en un incremento de la violencia contra ellas, justificada por el consumo de alcohol.

Redcentral/acl ABI

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